Hay momentos en la historia del fútbol que trascienden los resultados, las estadísticas y hasta los propios títulos. La clasificación de Lionel Messi a su tercera final de una Copa del Mundo fue uno de esos instantes que quedaron grabados para siempre en la memoria de millones de aficionados.

Con la victoria de Argentina sobre Croacia en las semifinales de Catar 2022, Messi no solo llevó a su país a disputar una nueva final mundialista, sino que escribió una página dorada en la historia del deporte.
Para entender la magnitud de aquel logro, hay que viajar muchos años atrás. Desde su debut con la selección argentina, Messi cargó sobre sus hombros el peso de las comparaciones con Diego Armando Maradona, el héroe que había llevado a Argentina a conquistar el mundo en México 1986. Durante años, el rosarino brilló en Barcelona, ganó títulos, rompió récords y conquistó Balones de Oro, pero el sueño mundialista parecía escaparse una y otra vez.
Su primer gran acercamiento llegó en Alemania 2006. Era apenas un joven talentoso que comenzaba a mostrar su magia al mundo. Cuatro años después, en Sudáfrica 2010, Argentina volvió a depositar sus esperanzas en él, pero el equipo cayó en cuartos de final. Luego llegó Brasil 2014, donde Messi condujo a la Albiceleste hasta la final frente a Alemania. Aquella noche en el Maracaná terminó con una derrota por la mínima diferencia y con la imagen de un Messi desconsolado observando la copa que tanto anhelaba.

Muchos pensaron que la oportunidad había pasado. Sin embargo, los verdaderos campeones siempre encuentran la manera de levantarse. A pesar de las críticas, de las derrotas en finales y de los momentos difíciles, Messi nunca renunció a su sueño. Continuó liderando a la selección argentina y encontró en Lionel Scaloni el entrenador ideal para construir un grupo unido, competitivo y convencido de que podía volver a lo más alto.
La Copa Mundial de Catar 2022 representó la gran revancha. Después del inesperado tropiezo ante Arabia Saudita en el debut, Argentina reaccionó con carácter y personalidad. Partido tras partido, el equipo fue creciendo hasta convertirse en uno de los grandes candidatos al título, Y entonces llegó la semifinal contra Croacia, la selección que cuatro años antes había sido finalista en Rusia 2018. Muchos esperaban un encuentro equilibrado y complicado, pero apareció Lionel Messi para ofrecer una de las actuaciones más memorables de toda su carrera mundialista. Convirtió un penal decisivo y protagonizó una jugada extraordinaria ante Josko Gvardiol, uno de los mejores defensores del torneo, antes de asistir a Julián Álvarez para uno de los goles más recordados de aquella Copa del Mundo.
Con ese triunfo, Argentina aseguró su presencia en la final y Messi alcanzó un logro reservado para muy pocos: disputar tres finales mundiales a lo largo de una carrera extraordinaria. El capitán argentino se unió al reducido grupo de futbolistas capaces de marcar una era y mantenerse en la élite durante más de una década y media.
Pero más allá de las cifras, aquella clasificación tuvo un significado especial. Fue la recompensa a años de sacrificio, perseverancia y amor por la camiseta. Fue la respuesta para quienes dudaron de su liderazgo. Fue el reconocimiento a un futbolista que nunca dejó de intentarlo, incluso cuando parecía que el destino le cerraba las puertas.
La final frente a Francia no sería solamente un partido por el título. Sería la culminación de una historia que comenzó en Rosario, continuó en Barcelona y encontró su capítulo más glorioso con la selección argentina. El mundo entero observaba a un Messi que estaba a noventa minutos de transformar una carrera legendaria en una historia inmortal.

Lionel Messi no solo clasificó a su tercera final mundialista. Confirmó algo que millones ya sabían: estaba destinado a ocupar un lugar eterno entre los más grandes futbolistas de todos los tiempos.

Redacción: Jonathan Orozco
Fotografías: AFA